Parroquia
San Miguel Arcángel
Seguinos:
Marcos 13, 33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús sus discípulos:
«Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!».
Palabra del Señor.
En el breve texto evangélico que se lee hoy, se juega con la doble imagen del sueño y el despertar. Por eso, la palabra más repetida es: “velad”, “vigilad”.
Se trata de una imagen muy querida para todas las tradiciones espirituales, que quieren ofrecer “instrucciones” para sacarnos de la oscuridad del sueño, posibilitando así el despertar a nuestra verdadera identidad.
Jesús lo presenta en forma de parábola: el dueño de casa se va de viaje, dejando tareas encomendadas. Es necesario velar porque no se sabe cuándo será su vuelta (la parábola hace alusión a las cuatro vigilias, o cuatro cuartos, de tres horas casa uno, en las que se dividía la noche: anochecer, medianoche, canto del gallo, amanecer).
La reiterada invitación de Jesús –“vigilad, velad”- nos pone en guardia frente a nuestra tendencia a adormecernos y vivir entontecidos en la pequeña celda del yo, donde sólo puede haber confusión y sufrimiento.
Enrique Martínez Lozano